Si Tetris fuera una película, este sería su trailer.
Me topé con este ligeramente confuso video sobre RoboCop. Se trata de alguien que editó un nuevo trailer de la clásica Robocop de 1987, con el barniz de una música instrumental que escuchó en un videojuego, dándole un “overall effect” más contemporáneo a la película.
Me gusta mucho la idea de “restaurar” viejos trailers. Este tiene, incluso, un sabor a Christopher Nolan.
Todos sabemos que un golpe de estado comienza con un grupo de personas chasqueando dedos, cantando a capela, bailando y perdiendo el equilibrio en un parque soleado.
Fox France anunció que desde hoy al 25 de Mayo abrirá una estación de metro fantasma en la línea 9 del metro de París. Se trata de una antigua estación que fue cerrada en 1939 y en la que la distribuidora producirá una experiencia de marketing viral para la más anticipada de las cintas de Ridley Scott.



Publicado en Milenio
No recuerdo la última vez que no me reí para nada con una película. Quizá no lo recuerdo porque Casa de mi padre es la primera comedia nulamente graciosa que veo. Y es nulamente graciosa por razones muy específicas. Su impotencia humorística no tiene nada que ver con Will Ferrell , Gael García Bernal o Diego Luna. Aun cuando es evidente que los tres aceptaron este proyecto para divertirse (entre ellos) y pasarla bien, hay algo muy fallido en la naturaleza de esta cinta, cuyo sentido del humor me dejó escuchar hasta la tos del proyeccionista en la sala de cine.
Armando Álvarez (Will Ferrell) ha vivido y trabajado en el rancho de su padre toda su vida. En el peor momento económico de la hacienda, Raúl (Diego Luna), el hermano menor de Armando, se presenta con su prometida, Sonia. El éxito de Raúl como “hombre de negocios” promete resolver los problemas financieros de su padre. Cuando Armando se enamora de Sonia, y el verdadero giro de negocios de Raúl sale a flote, los problemas llegarán personificados en un temible narcotraficante llamado Onza (Gael García).
Consideren esta sinopsis como un gran favor, porque la historia es más un sketch estirado a un extremo en el que, entre cada chiste, hay cansados tiempos de espera durante los que sólo nos podemos encomendar a Will Ferrell haciéndose pasar por mexicano.
Dirigida por Matt Piedmont, quien fuera guionista para Saturday Night Life por seis años, Casa de mi padre tiene la clara consigna de parodiar los grandes vicios de la ficción audiovisual mexicana: exagerado tono melodramático, pobres valores de producción, estereotipos de género, métodos de actuación.
Se había dicho que esta era una parodia al género de la telenovela y eso nunca queda bien señalado. Se distingue el exotismo, la exageración, lo pasional de las historias de la pantalla chica latinoamericana. Lo que no convence son sus gags; no capturan lo que las telenovelas llevan décadas ofreciéndonos como material de parodia .
Otro punto confuso es la subtrama del narcotráfico; demasiado gráfica y expuesta para una comedia irreverente y ligera. Diego y Gael no atinarán un chiste, pero ¿qué tal los recios diálogos con que sus personajes expresan su postura franca y desvergonzada sobre el tráfico de drogas? Las secuencias de violencia y asesinatos se detallan tanto que rompen el tono. No es que prefiera ver maquillada la realidad de mi país, pero si le vamos a mandar a hacer parodias a países, es en Colombia donde las telenovelas abordan el narco, no en México. Si ésta es una carta de amor al melodrama mexicano, entonces alguien de esta producción no pidió El Canal de las Estrellas a su proveedor de cable gringo.
La razón por la que Casa de mi padre se siente tan fallida es su intención. Se propone ser una de esas películas que, de tan mala, es buena. Ese estatus de placer culpable no se consigue calculadamente. Los placeres culpables son producto de un guión verdaderamente mal escrito, de genuinas pésimas actuaciones y un director cegado que tenía la intención de hacer la mejor película de todos los tiempos. Aquí tenemos lo opuesto: un atleta para la comedia como Ferrell, actores interesantes y la leyenda de Pedro Armendáriz Jr, tratando de lograr una cinta que divierta por mala. Eso es más ambicioso que querer filmar una obra maestra. Lo único que rescataría de Casa de mi padre es la moraleja accidental que imparte. Esos churros, esas peores películas son un antiarte espontáneo. Cuando se habla de la magia del cine, hasta el mal cine tiene su magia.
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